Sabemos que los sabios son capaces de rectificar una afirmación cuando la evidencia les lleva a comprobar el error de su aseveración. Es la primacía de la lógica. Una de las guías de la vida es la ilusión por mejorar en algún aspecto de la misma, y esto nos lleva a pensar en ese futuro mejor soñando despiertos. Y los sabios también sueñan.
Ese futuro mejor implica pensar en nuestra sociedad, y cómo ésta puede mejorar, cómo mejoraría nuestra provincia, nuestra ciudad, nuestro barrio. Y sin saberlos, hemos desembocado en la política, que es el arte de soñar en un futuro mejor.
Llegados a este punto podríamos afirmar que los políticos, ya que planifican el futuro a través de la gestión de los recursos públicos son sabios. Y en cierta forma lo son, siempre que sueñen con un futuro mejor y tengan claro como llegar a él.
Pues sí, yo quiero un futuro mejor, y por lo tanto sueño en ello, y al hacerlo y al comunicarlo, pienso y hago política. Y si hago política, soy político. Mis sueños me llevan a pensar que ese futuro mejor pasa por tener una ciudad y un país más justos, con unos impuestos mejor repartidos, con un proyecto y un futuro claros, una ciudad más limpia, más verde, un país que se base en la educación, en la innovación, que apueste por su futuro. Una sociedad que no se olvide de los más débiles y necesitados, que sea de una gestión clara y transparente.
Y con mucho diálogo, porque la democracia es dialogar y llegar a acuerdos. Que por cierto, es cuestión de sabios.
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