Nuestra Industria Alimentaria

sábado, 14 de mayo de 2016
 Artículo publicado en Diario Sur el 05/05/2016.

Nuestra Industria Alimentaria

Málaga es una provincia con unos recursos agroalimentarios excelentes. Estamos en una tierra cultivada desde hace unos miles de años, y en un clima mediterráneo que permite una variedad de fauna y flora única. Tesoros como el olivo, el almendro, la vid y los recursos pesqueros de nuestro mar, llevan todo este tiempo con nosotros. Pero a lo largo de los siglos se han ido incorporando nuevas especies perfectamente aclimatadas a nuestras tierras y ya, auténticamente nuestras, como los cítricos. Las más nuevas han llegado en las últimas decenas de años, con una gran fuerza, como mango y aguacate. La ganadería siempre ha estado con nosotros, teniendo la cabra malagueña y el cerdo ibérico de Ronda, así como el cerdo blanco, del que somos grandes productores.

Pero, qué sería de nuestro campo, si nos dedicáramos solo a vender todo lo que producimos. Históricamente, desde la reconquista, la mayor parte de las tierras fueron cedidas a nobles dando paso a un sistema neofeudalista, que desembocó en el estereotipo del señorito andaluz y los jornaleros humildes e inmensamente pobres. La poca producción de ese campo atrasado y pobre se vendía, sin más. Eso fue el campo andaluz.

Nuestros bisabuelos malagueños aprendieron que la prosperidad llega con la transformación y la comercialización. Así, aprovecharon nuestras viñas, y nuestro tradicional vino de Málaga para exportarlo al exterior. Nada de producir uva y venderla a granel. Producíamos vino y pasas. Y no cualquier vino y cualquier pasa, sino las mejores. Esto contribuyó al desarrollo de la Málaga del siglo XIX, industria, lamentablemente truncada por una plaga, la famosa filoxera. Sin embargo este ejemplo no era seguido por otros sectores agrícolas ni ganaderos.

De esta forma, la transformación y los canales de venta de los productos del campo y la pesca (aunque había empresas locales), poco a poco fueron quedando en manos foráneas y concentrándose en grupos empresariales en los últimos años, la mayoría ajenos al lugar de producción. Como puede imaginarse, esto tiene como consecuencia que se deje de ingresar por parte de quien más lo necesita, ganancias de los siguientes eslabones de la cadena.

Es evidente. Si una explotación ganadera produce cerdos y los vende a un empresario de otra comunidad autónoma, y este produce embutidos y vende la carne, el beneficio que da esta venta va a parar fuera de Málaga y Andalucía, lejos de los ganaderos que han hecho posible todo y lejos de los posibles trabajadores que se contratarían para ello o de los comercios e industrias auxiliares que se necesitarían, y que no se benefician de ese valor añadido. Esto es lo que históricamente ha pasado en muchos sectores del campo en nuestra tierra.

Afortunadamente, la tendencia está cambiando. Volvemos a tener sectores pujantes y como antaño, el vino es uno de ellos. El creciente éxito de las bodegas de Ronda, de producciones limitadas y un cada vez mayor nivel exportador, augura un futuro prometedor, también para otras comarcas productoras de vino como la zona de Mollina o la Axarquía, con un gran espíritu de modernización e innovación, o como el ejemplo del porcino, en el que contamos con las empresas más potentes de Andalucía.
Afortunadamente estos tiempos pretéritos que brevemente he recordado, han pasado, y la situación descrita ha ido cambiando. Nuestro gobierno autonómico, la Junta de Andalucía, ha sido en gran parte, la responsable de que esos maravillosos productos que obtiene nuestra tierra, los procesemos y elaboremos ahora aquí, y no lo hagan otros, fuera de Málaga y Andalucía, llevándose así los beneficios de esa transformación. Pero esto se queda en el terreno de una simple aseveración sino que a las pruebas me remito.

A través de las delegaciones territoriales de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural, existen servicios en gran parte dedicados a la tramitación de ayudas a nuestras industrias de transformación y comercialización, implementando las distintas órdenes y planes de la Consejería de la Junta de Andalucía. El propósito, contribuir desde lo público a dar un impulso a la iniciativa privada, sin el cual, sería muy difícil que pequeños empresarios y cooperativas se lanzaran a crecer y a iniciar proyectos de una mayor proyección empresarial.

 En este sentido, sólo durante el pasado año 2015, la Delegación de Agricultura de Málaga abonó ayudas a las industrias agroalimentarias de nuestra provincia por valor de 10.803.074,47€, destinados a la transformación y comercialización de productos agroalimentarios, a la mejora e innovación en la distribución de productos ecológicos, a la calidad y trazabilidad en industrias agroalimentarias, a las Inversiones en bodegas y apoyo al sector vitivinícola y ayudas a la Transformación de subproductos origen animal.

Este esfuerzo público por apoyar el sector agroganadero y alimentario se traduce en un auge del sector agroindustrial en la provincia, que propicia no sólo puestos de trabajo (en aumento) objetivo básico y fundamental que tiene que orientar cualquier acción pública, sino que va más allá, siendo una apuesta de futuro de empleo consolidando y haciendo crecer un sector complementario del turismo y que fija a la población rural dando oportunidades y manteniendo cultivos y entornos naturales, cultura y tradiciones aportando por tanto una riqueza social y cultural que nos hace crecer como sociedad.