Artículo publicado en La Opinión de Málaga el 02/04/2016.
De espaldas al campo.
Siempre se ha dicho que la ciudad de Málaga
ha crecido de espaldas al mar. No en vano, las grandes mansiones de la
burguesía malagueña del siglo XIX, crecidas a lo largo del paseo de
Reding hacia el Limonar, tenían su entrada principal hacia este paseo y
dando la espalda de la casa al mar. Esto es debido a que el rebalaje era
visto como de clase inferior al ser zona de labor de pescadores (aparte
de protección contra la humedad y el levante). Otro ejemplo son los
barrios obreros crecidos durante los siglos XIX y XX que darían lugar al
distrito de Carretera de Cádiz, que dejaron una brecha considerable
entre el mar y ellos aprovechada hoy para hacer el nuevo paseo marítimo.
Pero
la ciudad de Málaga también ha crecido de espaldas al campo. Desde que
la filoxera hundió el sistema económico productivo de la provincia, el
crecimiento de la capital se ha basado principalmente en el sector
servicios, aprovechando el auge del turismo y el desarrollismo de los
sesenta y setenta del pasado siglo.
El campo malagueño fue
quedándose atrás, y nuestros pueblos vieron como sus habitantes
emigraban a la ciudad en busca de empleos más seguros y algo menos duros
como la hostelería y la construcción. Así, vimos como barrios enteros
de nueva construcción de Málaga capital se poblaban de gentes de todas
las comarcas de la provincia. Así tenemos por ejemplo La Paz y La Luz en
Carretera de Cádiz.
Esta situación aun no se ha parado, sobre
todo en los pueblos más pequeños de la provincia, pero si se ha
ralentizado bastante. Ello se debe a diversas circunstancias importantes
acontecidas en los últimos treinta años. La entrada en la Unión Europea
supuso entrar también en la PAC (Política Agraria Común) con sus
correspondientes ayudas al campo y al agricultor, que eviten el
despoblamiento rural y la falta de cultivos agrícolas, entre otros
objetivos. Un segundo punto y de gran importancia, es la creación de la
Junta de Andalucía, pocos años antes de la entrada en el club europeo,
con una apuesta decidida y clara desde sus comienzos por el campo
andaluz, fomentando, articulando y desarrollando el medio rural a todos
los niveles. El Plan de Empleo Rural a través de sus diversas
denominaciones fue otro factor determinante en evitar el despoblamiento
agrario. Y ya, en estos últimos años, los efectos de la crisis que se ha
concentrado especialmente en la construcción, han hecho que muchos de
sus trabajadores, busquen otros nichos de mercado laboral alternativos,
entre otros, el campo.
Afortunadamente, hoy día, el sector
agroalimentario malagueño cobra de nuevo una pujanza hace años
desconocida, entre otros motivos por haber aguantado los envites de la
crisis mucho mejor que otros sectores, por su dinamismo a nivel de
cooperativas y su emprendimiento al buscar mercados exteriores.
Tenemos
que ser conscientes de la importancia del campo malagueño en el devenir
de nuestra historia, de nuestra gente y su futuro y en el desarrollo de
nuestros pueblos y ciudades. Para ello tenemos que vivir más el medio
rural, conocer más nuestra rica y variada tierra. No nos quedemos en el
salón de la casa, conozcamos la cocina, los pasillos, salgamos al patio.
Ahí descubriremos nuestras macetas, nuestra luz, el canto de los
pájaros y el olor azahar, jazmín o romero.
Por ello los y las
urbanitas de la capital malagueña, de Marbella, Fuengirola, Vélez-Málaga
y otros núcleos urbanos importantes de la provincia, debemos volver a
mirar a nuestro alrededor. Tenemos una provincia maravillosa y unos
pueblos únicos con un gran patrimonio ambiental, cultural e histórico.
El patio de nuestra casa es más bello y rico de lo que nos podemos
imaginar. Vivamos la fiesta de la Pasa de El Borge, la de la Tagarnina
en Villanueva del Rosario, la de la Almendra en Almogía, la Cabra
Malagueña de Casabermeja, y otras muchísimas más que tenemos en nuestra
rica provincia. Los 103 pueblos de la provincia son joyas de las que
sentirnos orgullosos.
Visitemos la comarca de Antequera y
probemos sus aceites. Acerquémonos también para ello a la comarca
nororiental de Málaga. Naveguemos por la bahía y por nuestras calas y
playas, descubramos bodegas y vinos en Ronda y la riqueza en naturaleza y
gastronomía de los pueblos de su Serranía, o visitemos los lagares y
paseros en la Axarquía. Probemos los productos de los pueblos del
Guadalhorce y Guadalteba y vivamos sus fiestas, disfrutemos en fin, de
una diversidad paisajística y cultural sin comparación en Europa.
Descubramos
de nuevo (si aún no lo hemos hecho) el ajobacalao de Vélez-Málaga, una
buena pata de chivo malagueño al horno, la calidad de los mejores
limones de España criados con esmero en el valle del Guadalhorce, la
zanahoria morá de Cuevas Bajas, un queso de leche de cabra artesanal, el
cerdo ibérico de la Serranía de Ronda, nuestras castañas del Genal,
nuestros embutidos de Benaoján, carnes de porcino de Cártama o
Campanillas, espárragos de Sierra de Yeguas, las múltiples (y
excelentes) cervezas artesanales de nuestra provincia, o el divino vino
de Málaga joya milenaria de nuestra tierra. Todo esto, entre otras
muchísimas delicias gastronómicas que nos ofrecen nuestros pueblos y
comarcas, porque hay muchas más, igual de ricas, importantes y
conocidas. Desde aquí animo a que completen la lista de los productos de
nuestra provincia, cosa que no supondrá gran esfuerzo puesto que cada
pueblo tiene fértiles campos, magníficos productos y cada vez más,
empresas y cooperativas que los procesan, y comercializan. Productos que
nos ofrecen los trabajadores y trabajadoras del campo y la mar con su
esfuerzo, sudor y cariño y que gracias a nuestro paradisiaco (aunque más
seco de lo que deseáramos) clima nos ofrece.
Miremos cara a cara a nuestros pueblos, a nuestro campo, a nuestra mar. Tenemos calidad y belleza. Disfrutémosla.
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