Artículo publicado en Diario Sur el 05/05/2016.
Nuestra Industria Alimentaria
Málaga es una provincia con unos recursos agroalimentarios excelentes.
Estamos en una tierra cultivada desde hace unos miles de años, y en un
clima mediterráneo que permite una variedad de fauna y flora única.
Tesoros como el olivo, el almendro, la vid y los recursos pesqueros de
nuestro mar, llevan todo este tiempo con nosotros. Pero a lo largo de
los siglos se han ido incorporando nuevas especies perfectamente
aclimatadas a nuestras tierras y ya, auténticamente nuestras, como los
cítricos. Las más nuevas han llegado en las últimas decenas de años, con
una gran fuerza, como mango y aguacate. La ganadería siempre ha estado
con nosotros, teniendo la cabra malagueña y el cerdo ibérico de Ronda,
así como el cerdo blanco, del que somos grandes productores.
Pero, qué sería de nuestro campo, si nos dedicáramos solo a vender
todo lo que producimos. Históricamente, desde la reconquista, la mayor
parte de las tierras fueron cedidas a nobles dando paso a un sistema
neofeudalista, que desembocó en el estereotipo del señorito andaluz y
los jornaleros humildes e inmensamente pobres. La poca producción de ese
campo atrasado y pobre se vendía, sin más. Eso fue el campo andaluz.
Nuestros bisabuelos malagueños aprendieron que la prosperidad llega
con la transformación y la comercialización. Así, aprovecharon nuestras
viñas, y nuestro tradicional vino de Málaga para exportarlo al exterior.
Nada de producir uva y venderla a granel. Producíamos vino y pasas. Y
no cualquier vino y cualquier pasa, sino las mejores. Esto contribuyó al
desarrollo de la Málaga del siglo XIX, industria, lamentablemente
truncada por una plaga, la famosa filoxera. Sin embargo este ejemplo no
era seguido por otros sectores agrícolas ni ganaderos.
De esta forma, la transformación y los canales de venta de los
productos del campo y la pesca (aunque había empresas locales), poco a
poco fueron quedando en manos foráneas y concentrándose en grupos
empresariales en los últimos años, la mayoría ajenos al lugar de
producción. Como puede imaginarse, esto tiene como consecuencia que se
deje de ingresar por parte de quien más lo necesita, ganancias de los
siguientes eslabones de la cadena.
Es evidente. Si una explotación ganadera produce cerdos y los vende a
un empresario de otra comunidad autónoma, y este produce embutidos y
vende la carne, el beneficio que da esta venta va a parar fuera de
Málaga y Andalucía, lejos de los ganaderos que han hecho posible todo y
lejos de los posibles trabajadores que se contratarían para ello o de
los comercios e industrias auxiliares que se necesitarían, y que no se
benefician de ese valor añadido. Esto es lo que históricamente ha pasado
en muchos sectores del campo en nuestra tierra.
Afortunadamente, la tendencia está cambiando. Volvemos a tener
sectores pujantes y como antaño, el vino es uno de ellos. El creciente
éxito de las bodegas de Ronda, de producciones limitadas y un cada vez
mayor nivel exportador, augura un futuro prometedor, también para otras
comarcas productoras de vino como la zona de Mollina o la Axarquía, con
un gran espíritu de modernización e innovación, o como el ejemplo del
porcino, en el que contamos con las empresas más potentes de Andalucía.
Afortunadamente estos tiempos pretéritos que brevemente he recordado,
han pasado, y la situación descrita ha ido cambiando. Nuestro gobierno
autonómico, la Junta de Andalucía, ha sido en gran parte, la responsable
de que esos maravillosos productos que obtiene nuestra tierra, los
procesemos y elaboremos ahora aquí, y no lo hagan otros, fuera de Málaga
y Andalucía, llevándose así los beneficios de esa transformación. Pero
esto se queda en el terreno de una simple aseveración sino que a las
pruebas me remito.
A través de las delegaciones territoriales de Agricultura, Pesca y
Desarrollo Rural, existen servicios en gran parte dedicados a la
tramitación de ayudas a nuestras industrias de transformación y
comercialización, implementando las distintas órdenes y planes de la
Consejería de la Junta de Andalucía. El propósito, contribuir desde lo
público a dar un impulso a la iniciativa privada, sin el cual, sería muy
difícil que pequeños empresarios y cooperativas se lanzaran a crecer y a
iniciar proyectos de una mayor proyección empresarial.
En este sentido, sólo durante el pasado año 2015, la Delegación de
Agricultura de Málaga abonó ayudas a las industrias agroalimentarias de
nuestra provincia por valor de 10.803.074,47€, destinados a la
transformación y comercialización de productos agroalimentarios, a la
mejora e innovación en la distribución de productos ecológicos, a la
calidad y trazabilidad en industrias agroalimentarias, a las Inversiones
en bodegas y apoyo al sector vitivinícola y ayudas a la Transformación
de subproductos origen animal.
Este esfuerzo público por apoyar el sector agroganadero y alimentario
se traduce en un auge del sector agroindustrial en la provincia, que
propicia no sólo puestos de trabajo (en aumento) objetivo básico y
fundamental que tiene que orientar cualquier acción pública, sino que va
más allá, siendo una apuesta de futuro de empleo consolidando y
haciendo crecer un sector complementario del turismo y que fija a la
población rural dando oportunidades y manteniendo cultivos y entornos
naturales, cultura y tradiciones aportando por tanto una riqueza social y
cultural que nos hace crecer como sociedad.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


0 comentarios:
Publicar un comentario