Educación y futuro

martes, 4 de junio de 2013

La enseñanza pública es la única que asegura la igualdad de oportunidades, independientemente del origen social de cada uno. La única que educa en unos valores éticos y sin ninguna carga moral o política concreta. Es por tanto la única que forma ciudadanos libres, críticos e independientes.


En nuestra breve historia democrática, hemos conseguido, con el esfuerzo y las reivindicaciones de varias generaciones, un Estado social casi modélico y ahora añorado, con sus defectos sí, pero envidiado por otros países. Un Estado con una Sanidad pública universal y gratuita, un Estado con una educación pública para todos y todas, extendida hasta los 16 años y que garantiza una enseñanza postobligatoria de calidad y diversificada. Con sus defectos, por supuesto, pero hay que ver de donde partimos, y todo lo que hemos conseguido hasta llegar hasta aquí, desde hace más de veinte años hasta la actualidad.


Evidentemente hay mucho que mejorar, pero la mejora, y eso lo podemos entender todos y todas, no viene por echar profesorado a la calle, no viene por acumular más alumnado en las aulas. Si pretendemos que apruebe más alumnado, ¿se consigue a base de poner reválidas cada dos por tres o conseguiremos que suspendan más? Si queremos hacer ciudadanos libres y no adoctrinarlos, ¿se consigue poniendo la religión evaluable? ¿Qué hay que enseñar en los centros educativos, ciencia y cultura o creencias y fe? Si lo que queremos es igualdad de oportunidades ¿se consigue favoreciendo la enseñanza concertada y recortando la pública? ¿Es ese realmente el camino que nos hará avanzar como sociedad? Esto es, desgraciadamente, lo que nos espera con la nueva ley de Educación, la LOMCE.


En cualquier país sensato, en tiempos de crisis lo lógico es invertir en educación e investigación, contratar a más profesores y dotar de más medios a la educación, pues un capital humano mejor y más preparado, podrá afrontar con más garantías los retos del futuro.


Tenemos que sentirnos muy orgullosos de nuestra educación pública, y tenemos que avanzar en medidas que potencien al alumnado con dificultades y que no sean expulsados del sistema, favorecer el desarrollo educativo del alumnado con mayores capacidades, dignificar al profesorado y dotar de mayores medios a los centros educativos. Flexibilizar itinerarios y aumentar sus interconexiones, disminuir la ratio y aumentar la oferta educativa son medidas que pueden ayudar a ello.


¿Cómo podemos pretender estar a la altura educativa de Finlandia dedicando a la educación un tercio menos de presupuesto que ellos en términos del PIB?


A esa enseñanza pública, tan maltratada hoy en día por una ideología que utiliza la excusa de una crisis financiera para recortar sus recursos mientras favorece a la escuela privada (a la que pagamos con nuestros impuestos) les  debemos la formación de la ciudadanía y lo que es más importante, nos jugamos el futuro y conseguir tener ciudadanos responsables, formados y libres.

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