La enseñanza pública es la única que asegura
la igualdad de oportunidades, independientemente del origen social de cada uno.
La única que educa en unos valores éticos y sin ninguna carga moral o política
concreta. Es por tanto la única que forma ciudadanos libres, críticos e
independientes.
En nuestra breve historia democrática, hemos
conseguido, con el esfuerzo y las reivindicaciones de varias generaciones, un
Estado social casi modélico y ahora añorado, con sus defectos sí, pero
envidiado por otros países. Un Estado con una Sanidad pública universal y
gratuita, un Estado con una educación pública para todos y todas, extendida
hasta los 16 años y que garantiza una enseñanza postobligatoria de calidad y
diversificada. Con sus defectos, por supuesto, pero hay que ver de donde
partimos, y todo lo que hemos conseguido hasta llegar hasta aquí, desde hace
más de veinte años hasta la actualidad.
Evidentemente hay mucho que mejorar, pero la
mejora, y eso lo podemos entender todos y todas, no viene por echar profesorado
a la calle, no viene por acumular más alumnado en las aulas. Si pretendemos que
apruebe más alumnado, ¿se consigue a base de poner reválidas cada dos por tres
o conseguiremos que suspendan más? Si queremos hacer ciudadanos libres y no
adoctrinarlos, ¿se consigue poniendo la religión evaluable? ¿Qué hay
que enseñar en los centros educativos, ciencia y cultura o creencias y fe? Si lo
que queremos es igualdad de oportunidades ¿se consigue favoreciendo la
enseñanza concertada y recortando la pública? ¿Es ese realmente el camino que
nos hará avanzar como sociedad? Esto es, desgraciadamente, lo que nos espera
con la nueva ley de Educación, la LOMCE.
En cualquier país sensato, en
tiempos de crisis lo lógico es invertir en educación e investigación, contratar
a más profesores y dotar de más medios a la educación, pues un capital humano
mejor y más preparado, podrá afrontar con más garantías los retos del futuro.
Tenemos que sentirnos muy
orgullosos de nuestra educación pública, y tenemos que avanzar en medidas que potencien
al alumnado con dificultades y que no sean expulsados del sistema, favorecer el
desarrollo educativo del alumnado con mayores capacidades, dignificar al profesorado
y dotar de mayores medios a los centros educativos. Flexibilizar itinerarios y aumentar
sus interconexiones, disminuir la ratio y aumentar la oferta educativa son medidas
que pueden ayudar a ello.
¿Cómo podemos pretender estar a la
altura educativa de Finlandia dedicando a la educación un tercio menos de presupuesto
que ellos en términos del PIB?
A esa enseñanza pública, tan maltratada hoy
en día por una ideología que utiliza la excusa de una crisis financiera para
recortar sus recursos mientras favorece a la escuela privada (a la que pagamos
con nuestros impuestos) les debemos la
formación de la ciudadanía y lo que es más importante, nos jugamos el futuro y conseguir
tener ciudadanos responsables, formados y libres.


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